Batman viaja a Barcelona


Alicia en el país de las maravillas es una espina que tengo clavada. De pequeña, siempre que venía mi prima a casa quería verla, y acabé por aborrecerla (a la película y a la prima). Sobre todo porque a esa edad el relato de Lewis Carroll resulta demasiado inconexo y angustioso. Tengo un recuerdo traumático de esas tardes en el sofá de casa viendo a un gusano con tupé envuelto en humo, a un gato que aparecía y desaparecía por partes y a una reina despótica y chillona.

¿No tendrían ustedes miedo ante estos pensamientos diabólicos?
Alicia en el país de las maravillas es una de las pocas películas de animación de Disney que no he vuelto a ver de adulta. Quizás ahora que voy a cumplir un añito más sea el momento de darle otra oportunidad. Al fin y al cabo, me ha dejado grabadas en la memoria frases tan memorables como: “Llego tarde, llego tarde, llego tarde”. O: “¡Que su cabesa ruede!” (La “s” está puesta a propósito para imitar el tono del doblaje mejicano de las películas Disney de esa época). Y, por supuesto, una canción que todos hemos tatareado alguna vez en nuestra vida, y que para esta ocasión me viene que ni pintada:
Dentro de unos días será mi cumpleaños pero, como me voy de puente, no estaré con ustedes para celebrarlo, así que se me ha ocurrido festejar mi no cumpleaños. ¿También es el suyo?
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Por cierto, ¿se han fijado en lo horribles que son los zapatos?
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Josep Font: Admiro el trabajo de Madame Vionnet y Poiret.
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En el mundo del arte ya está todo inventado.

Me parece muy gracioso, sobre todo porque hoy medio país se estará acicalando para dar la bienvenida al 2008.
¡Feliz año a todos!
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¿No les parecen muy kawaii? Y la exposición cumplía lo que prometían.
Al decir ‘propaganda comunista’, uno piensa en los típicos carteles soviéticos. Es verdad, había algunas obras de temática bélica, trazos rudos y exaltación del comunismo. La única que tengo un poco de este estilo es esta, porque le gustó a Nikochan:

Un poco como en Tintin. Objetivo: la Luna pero con Lenin flotando junto a las estrellas.
El resto de carteles expresan pautas para la recuperación del país a través de la agricultura y la ganadería y tienen una estética mucho más colorista y naïf (porque se dirigen a un público femenino, imagino).






Me gusta especialmente cómo combinan los trazos gruesos con pequeñas pinceladas que perfilan los detalles del dibujo. Como esta lámina, que representa una gran extensión de campo con un canal que lo atraviesa. Si se fijan bien, las verduritas están dibujadas una a una para dar realismo a la pintura.

Lo curioso es que estos 45 carteles que se muestran hasta el 16 de diciembre (una pequeña representación de los más de 500 que atesora el Museo de Bellas Artes de Hanoi) han sido elaborados por 40 artistas diferentes. De hecho, la creación de estas obras revolucionarias atraía tanto a profesionales como a aficionados que simplemente querían plasmar su experiencia o expresar su solidaridad con el pueblo vietnamita. El arte del cartel en Vietnam está estrechamente ligado a la lucha, la reivindicación y, en definitiva, la propaganda. La situación histórica del país durante la segunda mitad del siglo XX favoreció el desarrollo del arte gráfico.

De Astro Boy a Naruto.
A lo largo de 8 páginas ilustradas en blanco y negro, una colegiala nos explica cómo el Manga conquistó América. Pueden ver la historieta completa aquí. Si no se les da bien leer del revés, visiten las FAQs, tienen datos muy interesantes.
¿Han pensado alguna vez lo que dirían si se encontraran con un zombie? Pues es hora de hacerlo, ¿no creen? Aunque, según Giles, en la noche de Halloween nunca ocurre nada (pero siempre se equivoca).

El artista neoyorquino Paul Notzold ha llevado a cabo una curiosa iniciativa consistente en proyectar 500 frames de La noche de los muertos vivientes de George A. Romero, de los cuales 170 admitían diálogo a través de SMS enviados por el público, una técnica que ya ha usado en otras ocasiones.

Hasta el 11 de noviembre, pueden ver en la Fundación Joan Miró de Barcelona, una exposición de Aya Takano, que llega por primera vez a nuestro país. Las pinturas y acuarelas de esta artista japonesa nacida en 1976 seducen al momento. Sus personajes, muchachas de ojos grandes y mejillas sonrojadas con piernas quilométricas, se mueven entre lo naïf y lo perturbador, en un particular universo que combina elementos tradicionales y de la ciencia ficción. Todo muy kawaii.

Aya Takano es seguidora del movimiento superflat, fundado por el artista Takashi Murakami y que pretende constituir críticas sociales desde la influencia del manga y del anime. Igual que Takashi Murakami, colaborador de Louis Vuitton, Aya Takano también ha tenido sus escarceos con el mundo de la moda.

Hace unos años, el diseñador Naoki Takizawa la invitó a crear una colección para la firma Issey Miyake. De su colaboración, surgieron todo tipo de prendas con los estampados propios de la artista, que se presentaron en la Semana de la Moda de París otoño-invierno 2004/05.
