Cosa Fina

20 junio 2006

Cabragirl

De pequeña me llevaron al zoo. Había una atracción para niños que consistía en entrar en un cercado lleno de animales aparentemente dulces e inofensivos. Podías jugar y torturar impunemente a conejos, patos, ovejas… Permítanme, sin embargo, un consejo: no entren nunca en un sitio así con un vestidito de flores verde y rosa.

No había puesto todavía un pie dentro y una cabra loca se abalanzó sobre mí y empezó a morderme. No sé si llegan a imaginarse el alcance que podría haber tenido este suceso pero les recuerdo que Peter Parker se convirtió en Spiderman por un simple mordisquito de una araña común. Claro que la arañita había estado expuesta a un haz de partículas procedente de un acelerador que le produjo una radiación masiva. Y es que la radiación es cosa mala. Miren, si no, lo que les ocurrió a Bruce Banner o a Benjamin Grimm. Si en el preciso momento en que la cabra me atacaba, a alguien se le hubiese ocurrido encender una radio, podría haberme convertido en algo así como la versión femenina de esto. Nunca me ha gustado el zoo. Es sucio, triste y peligroso. Los animales merecen algo mejor:

Etiquetas: