Cosa Fina

21 febrero 2006

Tratado sobre la finura humana

Si de alguna forma debe empezar este blog es estableciendo los límites entre lo que es y no es fino, sobre todo por la confusión que parece existir al respecto en estos tiempos.

I – de lo que no es fino.

Carrie Bradshaw es el paradigma de lo fino quiero y no puedo. Se trata, pues, de un modelo a evitar. Si bien el personaje de Sexo en Nueva York cumple algunos de los requisitos necesarios para hablar de finura, gracias a los cuales se ha convertido en ejemplo a seguir para muchas mujeres, no debemos dejarnos confundir por las apariencias: su mal gusto y su poca delicadeza –tan americana, por otra parte– son evidentes.

II – de lo que, no siendo fino, merece nuestra atención.

Hay algunas mujeres que, aceptando su no-finura, han sabido sacarle partido a su condición, convirtiéndose en mitos sexuales o en iconos de la belleza. Estos casos merecen toda nuestra atención puesto que la rareza y la singularidad son valores que pueden competir con determinados tipos de finura.

III – de la finura de cera.

Se trata de la finura más corriente y, por lo tanto, de la más vulgar. Abunda en los medios de comunicación y, por lo tanto, es el modelo al que la mayoría de muchachitas aspiran. Por este motivo podemos encontrar a tantas niñas bien que, con más o menos esfuerzo, y compartiendo todas el mismo peluquero, consiguen alcanzar el estatus de finura dotado, eso sí, de grandes dosis de artificialidad.

IV – de la finura natural.

La autentica finura, pues, no se desprende del comer poco, de la ingesta de estimulantes para compensar el comer poco, ni del Flame o similares. Al menos, no exclusivamente. La mujer auténticamente fina es tan grácil y delicada que los pajarillos se posan a cantar en sus manos. Su naturaleza, casi etérea, convierte sus pausados movimientos de cándido felino en pasos de ballet por lo que cualquier actividad resulta, de su mano, elegante.

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